Qué gran ironía, ¿verdad? Es curioso cómo el mundo prohíbe todo aquello que escapa del control humano. Cómo prohíbe todo aquello que causa un mínimo placer.
Quizá sea lo adecuado, quizá se deba realmente frenar esos instintos casi animales. Quizá…
Todos hemos pecado. ¿Quién no lo ha hecho? Oh, vamos, por favor.
¿Quién no ha caído en la tentación, más si ésta se ha puesto delante de uno, contoneándose levemente al compás del ritmo de la armoniosa música que lleva prendida?
Nadie está libre de pecado, nadie es capaz de tirar la primera piedra, entonces... ¿Qué más da que las cosas estén prohibidas?
Nadie te puede castigar si infringes esa irreal norma, nadie puede tomar represarias contra ti. Por qué nadie, precisamente, ha sido capaz de resistirse a acatar el pecado al menos una vez en la vida. Ese dulce sentimiento, esa dulce…
Lujuria…
Uno de los pecados capitales más castigados por el ser humano a lo largo de la historia, más si se es creyente. Uno de los más pasionales secretos del mundo, sobre el que se basa el tablero en el que se juega el Infierno, en el que se crea la muerte...
Puedes llegar a recibir ese eterno beso sabroso en el que la vida se escapa de entre tus labios, por ella...
Por culpa de esa simple palabra, ese sencillo adjetivo cargado de sentimientos...
No importa quién seas. No importa a qué clase social pertenezcas. No importa nada terrenal que puedas poseer. Sólo importa si lo has hecho alguna vez, por mínima que sea.
No puedes mentirme. Nadie ha logrado hacerlo durante mi vida. Sé que has catado la lujuria, lo veo tras tus claros ojos. Esos mares chocolate verdosos han probado ese sentimiento. Y han disfrutado con él. ¿Quién no lo ha hecho, por supuesto?
Yo mismo llegué a probarla en algún momento. El problema llegó cuando supe...no viene al caso..
Sin embargo, es tan difícil no caer en ese sentimiento tan sumamente difícil de controlar. Pecar… Es tan sencillo hacerlo en nuestra sociedad...
La lujuria es un pecado capital por un motivo. No caigas en ella, no caigas en esa espiral que te atrapa y da vueltas sin parar.
Que te impide respirar con normalidad, provocando que te ahogues… que te ahogues en el mismísimo placer que alberga tu interior. Ese placer que fluye con libertad por tus venas e invade con suavidad tu cuerpo. Ese placer que brilla tras tus ojos con indulgencia. Placer... Sólo placer...
Conozco tus sentimientos. Puedo ver tu corazón en la lejanía, refulgiendo a la breve luz que da el amanecer.
Conozco lo que sufres por qué yo lo sufrí en algún momento. Sin embargo, tuve un aliciente que tú ni siquiera podras imaginar. No se trata del mero hecho de infringir las normas, si no de tener un pasado plagado de errores, plagado de oscuridad y dolor.
Sufrimiento.
Ten cuidado con lo prohibido. Ten cuidado con la lujuria. Ten cuidado con el placer. Ten cuidado con tu propio pasado.
Pero no temas al amor, es lo único
que te mantendrá vivo. Es lo único por lo que merece vivir, por qué es aquello
que te librará de ser un muerto en vida que apenas siente, que tan sólo padece
dolor...